Niños de Tucumán que encontraron gírgolas en el compost y hoy enseñan a cultivarlas en casa
Alumnos de sexto grado de una escuela rural de Tucumán hallaron hongos en el compost de su huerta y convirtieron el asombro en un proyecto científico: hoy producen gírgolas con residuos locales y dictan talleres para que sus vecinos cultiven en casa.

Una mañana densa y húmeda de abril, los alumnos de sexto grado de la Escuela Profesora María Eugenia Virla, en la localidad tucumana de Los Nogales, hacían tareas de mantenimiento y siembra en la huerta escolar. Entre los restos de la pila de compost, una pequeña colonia de hongos silvestres abría paso a la vida mientras descomponía la materia vegetal.
Lejos de provocar rechazo, la escena despertó una catarata de preguntas infantiles: ¿Qué son? ¿Son venenosos? ¿Hacen daño? Ante la duda, el docente Maximiliano Toledo propuso transformar el asombro en investigación, dando origen al proyecto pedagógico "Cuando la huerta nos desafió".
De una duda en la huerta a un cultivo de gírgolas
Lo que comenzó como una búsqueda biológica sobre el reino Fungi reveló rápidamente el potencial nutricional y gastronómico de las gírgolas (Pleurotus ostreatus). Guiados por la curiosidad, los estudiantes decidieron producirlas por sus propios medios, empleando lo que tenían al alcance en la zona: hojas de caña de azúcar, chala de maíz y paja.
El proceso fue paso a paso y con rigor científico:
- Pasteurización del sustrato para eliminar microorganismos que pudieran competir con el cultivo.
- Inoculación del micelio —la "semilla" del hongo— bajo estrictas condiciones de higiene.
- Cuidados permanentes durante 15 a 20 días controlando humedad, temperatura, luz y ventilación.
- Primera cosecha de alimento fresco y nutritivo.
"Fue increíble ver cómo de algo que parecía basura salía nuestro alimento." — Alumnos de sexto grado
Un proyecto que atraviesa todas las materias
El rigor científico no tardó en integrarse con el resto de la currícula escolar. En el taller de Tecnología, los niños construyeron un fructificador utilizando materiales reciclados; en Matemática midieron, pesaron y calcularon los rendimientos del cultivo; en Plástica diseñaron los empaques e imprimieron etiquetas con ayuda de herramientas de inteligencia artificial; y en Lengua entrenaron la expresión oral para exponer su trabajo.
El proyecto sumó además el aporte técnico del equipo de Mycotuc, productores locales que brindaron capacitaciones clave para perfeccionar la técnica de siembra.
Del aula a las casas del barrio
Más allá de los muros de la escuela, el proyecto floreció con una profunda huella social y económica. Tras dominar la producción, los chicos dictaron talleres para sus propios vecinos, permitiendo que hoy diversas familias de Los Nogales produzcan sus propias gírgolas en casa, abriendo una alternativa de autoconsumo y generación de ingresos.
"Hay que valorar la fertilidad de la tierra y la capacidad emprendedora que se genera cuando el conocimiento se comparte." — Maximiliano Toledo, docente
Un próximo desafío: ¿el micelio contra el plástico?
El camino de los jóvenes investigadores no concluye aquí. Con el mismo espíritu inquieto que los llevó a explorar el compost, ahora proyectan evaluar si el micelio de estas especies puede contribuir a la descomposición de residuos plásticos — una línea de investigación con antecedentes reales en el mundo del micosaneamiento.
Como sintetizaron los propios estudiantes al cerrar esta etapa:
"Aprendimos que los grandes proyectos no siempre nacen en un laboratorio. A veces nacen en la tierra, con un hongo chiquito."
¿Por qué es tan valioso enseñar a cultivar hongos?
El caso de Los Nogales condensa lo que hace a la producción de hongos una herramienta tan potente para las familias:
- Recicla residuos: aprovecha restos agrícolas y orgánicos que de otro modo se descartarían.
- Requiere poca superficie: un fructificador cabe en un rincón de la casa o del patio.
- Nutre: las gírgolas son una fuente de proteínas, fibra y vitaminas del grupo B.
- Genera comunidad: el conocimiento compartido multiplica el alcance del proyecto.
Para familias argentinas que quieren empezar, la gírgola sigue siendo la mejor puerta de entrada al autocultivo: ciclo corto, técnica accesible y resultados visibles en pocas semanas. La historia de estos chicos de Tucumán es la prueba de que no hace falta un laboratorio para empezar — a veces alcanza con una huerta, un poco de compost y mucha curiosidad.
Estudiante de Licenciatura en Ciencias Agrarias (UNAJ).
Micología aplicada al bienestar.
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