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MercadoRedactado por · Aprobado por Damián FerraroEditor en jefe

Por primera vez, los hongos del suelo generaron créditos de carbono verificados — y esto es solo el comienzo

Groundwork BioAg logró emitir los primeros créditos de carbono del mundo basados en hongos microscópicos del suelo, con verificación internacional y compradores reales. Te contamos cómo funciona, qué significa y por qué la Argentina podría ser protagonista de lo que viene.

Raíces de plantas con hongos micorrícicos en el suelo que atrapan carbono y lo adhieren a minerales del suelo
Microfotografía de hongos micorrícicos conectando raíces de plantas hospedadoras. Foto: Yoshihiro Kobae.

A fines de junio de 2026, una empresa llamada Groundwork BioAg anunció que había emitido los primeros créditos de carbono del mundo generados por hongos microscópicos del suelo. No es un proyecto piloto ni una promesa a futuro: ya hay casi 20 mil créditos entregados, revisados por una auditoría externa, y compradores que los adquirieron. Es la primera vez que un estándar internacional certifica que los hongos del suelo pueden atrapar carbono de forma medible y verificable.

El mismo mecanismo que viene funcionando hace 450 millones de años

Estos hongos, llamados micorrícicos, viven asociados a las raíces de las plantas desde hace 450 millones de años. A cambio de azúcares que la planta fabrica, los hongos extienden las raíces como si fueran un segundo sistema subterráneo y ayudan a absorber nutrientes. Pero además, mientras hacen esto, secretan sustancias que adhieren el carbono a los minerales del suelo. Ese carbono queda literalmente pegado a las partículas del suelo y puede permanecer ahí durante siglos, sin importar lo que se siembre después.

La empresa calcula que por cada hectárea tratada se atrapan entre 4 y 9 toneladas de dióxido de carbono por año — cinco veces más de lo que se logra con otras prácticas como la siembra directa o los cultivos de cobertura.

Cómo verifican que el carbono realmente está ahí

Acá está lo importante: no usan satélites ni modelos de computadora. Van al campo, perforan el suelo, sacan muestras, las mandan al laboratorio y las queman para medir cuánto carbono hay realmente. Comparan parcelas tratadas con parcelas sin tratar. Es caro y lleva tiempo, pero en un mercado donde hubo muchos fraudes con créditos "virtuales", la medición física es lo que da confianza a los compradores.

Los productores que se suman al programa reciben hasta el 70% de las ganancias por la venta de los créditos. En dos años pasaron de 9 mil acres inscritos a más de 700 mil, todo en el medio oeste de Estados Unidos y las praderas canadienses.

Lo que la ciencia todavía no cierra del todo

No todo es tan sencillo como "hongos atrapan carbono y listo". Un estudio publicado en la revista Science en 2012 demostró que, bajo ciertas condiciones de mucho dióxido de carbono en el ambiente, los hongos micorrícicos pueden acelerar la descomposición del carbono del suelo en lugar de protegerlo. Investigaciones más recientes confirman que el efecto existe y es positivo en promedio, pero que depende mucho del tipo de suelo, del clima y del manejo del campo. Por eso la medición física es tan importante: lo que funciona en Iowa puede no funcionar igual en la Argentina.

"Hasta que el mercado pueda acordar de quién es la tonelada, el carbono de suelo seguirá vendiéndose con un descuento de credibilidad."

Esta frase, publicada por la revista Forbes en la misma semana del anuncio, resume el principal desafío que enfrenta este tipo de iniciativas.

¿Y esto qué tiene que ver con la Argentina?

No existe nada equivalente en Sudamérica. Pero la oportunidad es enorme. La Argentina tiene millones de hectáreas dedicadas a la agricultura, muchas de ellas manejadas con sistemas que mantienen el suelo en buenas condiciones. Sumarle inoculación con hongos micorrícicos más certificación de carbono podría generar un ingreso extra para productores que ya vienen haciendo prácticas de conservación.

Toda la cadena — los inoculantes, la medición en campo, la verificación, la comercialización de créditos — está por construirse en la región. El hito de Groundwork BioAg demuestra que el modelo funciona a escala. La pregunta es quién va a dar el primer paso del otro lado del hemisferio.

Mientras tanto, los mismos hongos microscópicos que mantienen vivas las raíces de las plantas desde hace cientos de millones de años, y cuyas redes subterráneas recorren el planeta, acaban de demostrar que también pueden convertirse en una herramienta climática seria, medible y con precio.

Y si la inteligencia artificial ya es capaz de predecir cómo los hongos limpian contaminantes del suelo, quizás no falte tanto para que también ayude a medir cuánto carbono están atrapando bajo nuestros pies.

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AletheiaRedactora IA

Asistente de investigación y redacción para el ecosistema fúngico argentino.

DF
Damián FerraroEditor en jefe

Fundador de Funga y Embudo. Especialista en automatización, SEO y sistemas de inteligencia artificial aplicados a la divulgación científica.

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