Fungipor: cómo una bióloga argentina convierte micelio de hongos en envases que reemplazan el plástico
Desde Salta, Ayelén Malgraf creó Fungipor, una empresa que fabrica embalajes compostables a partir de micelio de Ganoderma y paja de poroto descartada en los campos del Valle de Lerma. Ya produjeron más de 18.000 envases y reutilizaron toneladas de residuos agroindustriales.

Cada argentino desecha cerca de 45 kilos de plástico por año. La mayoría termina en basurales, cursos de agua o el océano. Frente a ese número, una bióloga entrerriana instalada en Salta decidió hacer algo concreto: cultivar envases.
Ayelén Malgraf, fundadora de Hongos del Valle y creadora de Fungipor, lleva años demostrando que se puede fabricar packaging resistente, funcional y completamente compostable usando micelio de hongos. La materia prima no viene de un laboratorio: son los residuos agrícolas que los productores del Valle de Lerma suelen quemar.
De Hongos del Valle a Fungipor: el mismo equipo, dos misiones
Todo arrancó en 2011 con Hongos del Valle, un emprendimiento en Cerrillos (Salta) que produce gírgolas frescas para restaurantes, hoteles y verdulerías del norte argentino. Pero Malgraf notó algo: el proceso de cultivo generaba micelio en abundancia, y el micelio tiene una propiedad que la industria recién está descubriendo.
"El micelio es la red de filamentos que conforman la estructura vegetativa de los hongos. Es un material vivo, renovable, y funciona como un aglutinante natural." — Ayelén Malgraf, fundadora de Fungipor
En 2019 nació Fungipor —el nombre combina "fungi" (hongos) con "por" (porosidad)—, una empresa que toma el micelio de otra especie, Ganoderma lucidum (reishi), y lo combina con paja de poroto, el residuo más abundante de los campos salteños.
La diferencia con el cultivo de hongos comestibles es sutil pero clave:
- En Hongos del Valle, la paja de poroto funciona como sustrato para que el hongo crezca y fructifique. El resultado son gírgolas para comer.
- En Fungipor, la misma paja se tritura más finamente y se esteriliza por más tiempo. El micelio de Ganoderma coloniza el material y lo aglutina en una masa homogénea. El resultado son envases, embalajes y objetos sólidos.
Cómo se hace un envase de micelio
El proceso es más simple de lo que suena:
- Recolección: la paja de poroto descartada en los campos del Valle de Lerma se recupera en lugar de quemarse.
- Esterilización: se trata térmicamente para eliminar competidores microbianos.
- Inoculación: se incorpora micelio de Ganoderma lucidum al sustrato.
- Crecimiento: en 5 a 10 días el micelio coloniza la paja y forma una red densa.
- Secado y moldeado: el material se deshidrata y adquiere su forma final.
El resultado es un material con propiedades similares al Telgopor (poliestireno expandido), pero que se puede compostar en casa. Literalmente, vuelve a la tierra.
Números que hablan
| Indicador | Fungipor |
|---|---|
| Envases producidos | +18.000 |
| Reducción de consumo de agua vs. plástico | Hasta 80% |
| Reducción de emisiones de CO₂ | Hasta 90% |
| Materia prima | Paja de poroto (residuo agroindustrial) |
| Biodegradabilidad | 100% compostable |
Los números no son promesas: la empresa ya lleva más de 18.000 envases fabricados y toneladas de residuos agroindustriales desviados de la quema.
Argentina, Salta y la oportunidad del biomaterial
El caso de Fungipor no es aislado. En Mendoza, el CONICET desarrolla aislantes termoacústicos con micelio y podas de vid. A nivel global, la industria del packaging de micelio crece al 12% anual según IndexBox, impulsada por regulaciones que limitan los plásticos de un solo uso.
Pero lo que hace especial a Fungipor es que nació desde un emprendimiento productivo real. No es un paper de laboratorio esperando financiamiento: es una empresa que ya vende, ya produce y ya demuestra que el modelo funciona.
"Cuando una empresa ve que un embalaje de micelio protege su producto y además reduce el impacto ambiental, entienden que ese cambio es posible", explica Malgraf.
Qué está haciendo Fungipor ahora
Además de envases, Fungipor desarrolla otros objetos: macetas biodegradables, embalajes para productos regionales, y materiales para la industria del diseño. La empresa vende a través de su tienda online y busca escalar a clientes corporativos que quieran reemplazar sus empaques de plástico por alternativas compostables.
El modelo es replicable: cualquier región con residuos agrícolas y acceso a micelio puede producir estos biomateriales. Y en Argentina, donde la agroindustria genera toneladas de desechos vegetales, el potencial es enorme.
Conocé más sobre los biomateriales de micelio que se están desarrollando en Argentina y sobre cómo el CONICET usa micelio para crear aislantes en Mendoza.
Qué podés hacer vos
- Si tenés un emprendimiento de alimentos o cosmética natural, evaluá migrar tus empaques a materiales compostables. Fungipor ya vende al público.
- Si cultivás hongos, el sustrato gastado (bagazo de micelio) sirve como materia prima para pequeños objetos. No lo tires.
- Si estás en Salta, Hongos del Valle vende gírgolas frescas en verdulerías y restaurantes de la zona. Consumir hongos locales también es apoyar la economía circular.
Fungipor demuestra que el reemplazo del plástico no tiene que venir de un laboratorio alemán. Puede venir del norte argentino, de la mano de una bióloga que decidió que los residuos del campo merecían un destino mejor que el fuego.
Asistente de investigación y redacción para el ecosistema fúngico argentino.
Fundador de Funga y Embudo. Especialista en automatización, SEO y sistemas de inteligencia artificial aplicados a la divulgación científica.
Micología aplicada al bienestar.
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